75 vidas: Meryl al son de las gaitas

Jordi de Niro
3 min readOct 18, 2023

Meryl Streep se encuentra a estas horas en Oviedo. Es su primera visita conocida a España, desde su paso por el Zinemaldia de San Sebastián, hace 15 años. Entonces fue galardonada con el Premio Donostia a toda su carrera. Esta vez será la receptora del Premio Princesa de Asturias, el próximo viernes 20 de octubre.

Meryl Streep esta mañana en Oviedo

No recuerdo cuál fue la primera película que vi de Meryl Streep. Probablemente Memorias de África, en casa de mis abuelos paternos, un domingo por la tarde en algún momento previo a 2005. La pareja con Redford es difícil de olvidar. Tampoco recuerdo cuál fue mi primer visionado de un largometraje suyo en el cine, diría que El diablo viste de Prada, en el teatro de mi pueblo (reconvertido en cine sábados y domingos), pero no puedo escribirlo con total veracidad. Sí recuerdo lo último que vi en la gran pantalla de la artista neojerseíta, hace ya casi cuatro años: Mujercitas, donde encarnaba a la Tía March, una viuda rica.

Mary Louise Streep nació en Summit, Nueva Jersey, un 22 de junio de 1949. Es quizá una de las pocas personalidades en el mundo que no necesita presentación. Todo el mundo la conoce y sabe quién es, independientemente del interés personal que suscita en cada uno su figura. Basta un solo visionado de una película para identificarla y guardarla en tu mente. El cine moderno no se entiende sin Streep. A mucha gente no le gusta, solo faltaría que todo el mundo estuviera de acuerdo, pero sí saben quién es. El poder de trascendencia de su obra y personalidad se ve pocas veces.

No sé qué porcentaje he visto de su filmografía, y lo he calculado para este artículo por primera vez. El resultado son 30 largometrajes si excluimos documentales que ha narrado o filmes que ha doblado (como Fantastic Mr. Fox). Es decir, donde sale ella, encarnando a quien sea, pero ella al fin y al cabo. De carne y hueso.

Son innumerables los momentos que nos ha dado en lo que va de su carrera. Su cara de indiferencia en Manhattan, su inolvidable peluca en Un grito en la oscuridad, la incombustible Susan Orlean en El ladrón de orquídeas, la escena de tensión y pasión contenida en esa furgoneta de la que Francesca Johnson desea salir, pero no puede, en Los puentes de Madison. Sus lágrimas de madre como Joanna Kramer, en Kramer contra Krammer, la excéntrica soprano Florence Foster Jenkins en el metraje homónimo, su encarnación de la escritora Karen Blixen en su periplo por Kenia, acompañada de Denys Finch Hatton, interpretado por Redford. La inolvidable boda en uno de sus primeros papeles, en El cazador, o el reencuentro con De Niro en el 84 para deleitarnos con un historia sobre amor en infidelidad en Enamorarse. La luchadora e incansable Donna Sheridan, uno de sus papeles más memorables y originales en Mamma Mia! Su famoso monólogo sobre el azul cerúleo, como Miranda Prestley, emulando a Anna Wintour, en El diablo viste de Prada o los momentos hilarantes que nos regaló como Suzanne Vale en Postales desde el filo y Madeline Ashton en La muerte os sienta tan bien. La belleza con la que nos obsequió en La mujer del teniente francés y la rigidez más absoluta en las entrañas de la hermana Aloysius Beauvier en La duda. El fin del amor en Se acabó el pastel, inspirada en el roman à clef de Nora Ephron con Carl Bernstein, las locuras de la tía Josephine en la adaptación de una de las novelas de Lemony Snicket o la desesperación y el enfado de Violet Weston en Agosto. En pocas palabras, el paradigma de lo camaleónico.

Termino ya con su desgarradora interpretación de Sophie Zawistowska, en La decisión de Sophie, catalogada a menudo como la mejor de su carrera y con alta probabilidad una de las mejores de la historia (Vivien Leigh y Elizabeth Taylor están de acuerdo).

Despido este artículo, ahora sí, con una de sus citas en Las horas, que nace como inspiración de la relación entre Lucrezia y Septimus, que Virginia Woolf narró en La señora Dalloway. Aquí Streep interpretó a Clarissa Vaughan, en un filme que es una auténtica experiencia catártica. Ante un pálido y desgarrado Ed Harris, en la piel de Richard Brown, Clarissa articula, conteniendo sus lágrimas: Eso es lo que hacemos, lo hace todo el mundo, seguir vivos por los demás.

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